Destinos que conozco y que me gustaría conocer.
¿Por dónde empezar a describir El Prado? Mi última visita al museo duró más de cuatro horas. Su número de cuadros me parece casi infinito, así que hablaré de las obras que más me llamaron la atención.
Fiestas del Ommegang: Procesión de Nuestra Señora del Sablón

El Prado dedica varias salas a la pintura flamenca, fruto del vínculo de la Monarquía española con los Países Bajos. Este lienzo al óleo de Denis van Alsloot (silgo XVII) despertó mi interés por varios motivos. En primer lugar, porque reconocí la Gran Plaza de Bruselas, en la que estuve hace dos años. En segundo lugar, por sus enormes dimensiones, con cerca de cuatro metros de largo. De hecho la foto que os muestro es tan sólo un pequeño fragmento. Os invito a entrar en la web del museo y usar la lupa virtual para examinar todos los detalles de las Fiestas del Ommegang. Por último, lo que me hizo detenerme un buen rato ante este cuadro, continuar la visita por la exposición y retroceder para volver a verlo y apuntar su título en un papel, fue el incontable número de personas que aparecen pintadas: en cada ventana hay una o dos siluetas contemplando la multitudinaria procesión que transcurre en la plaza.
El nacimiento de la Vía Láctea

No pude evitar sonreír al ver este cuadro. Un chorro de leche sale disparado del pecho de una diosa y sus gotas desparramadas se convierten en la Vía Láctea. Al igual que en el caso anterior, se trata de una pintura flamenca del siglo XVII. El autor es Pedro Pablo Rubens, quien se inspiró en una obra homónima de Tintoretto. La mitología cuenta que el dios Zeus, casado con la diosa Hera (Juno para los romanos), tuvo una aventura con una mujer mortal, fruto de la cual nació Hércules. Con la intención de que el pequeño alcanzase la inmortalidad, Zeus le puso a mamar en el pecho de Hera mientras ella dormía. Al despertarse, se sintió ofendida y apartó bruscamente a Hércules. Su leche se desparramó y dio lugar a un camino que conducía hasta el Olimpo.
La Gloria

En el siglo XVI el emperador Carlos V encargó a Tiziano este lienzo de carácter religioso. La obra me interesó porque el monarca estaba obsesionado con ella, hasta tal punto que pidió contemplarla antes de morir en el Monasterio de Yuste, en Cáceres. En el cuadro se reflejan el Cielo y la Tierra. A la derecha se ve al propio Carlos V arrodillado en actitud suplicante, con su corona en el suelo. Tras él, su esposa, Isabel de Portugal, y sus hijos, Felipe II, Juana, María y Leonor. El personaje que vemos más abajo, de perfil y con barba blanca, es Tiziano. En la esquina inferior izquierda, un hombre sujeta un pergamino con la firma del pintor. También aparecen numerosos personajes bíblicos, como Moisés portando las Tablas de los Mandamientos, o Noé alzando un arca con una paloma.
Por supuesto no puedo dejar de admirar la obra de Velázquez y la de Goya, genios españoles. También me encanta el Jardín de las Delicias de El Bosco, y los retratos alargados de El Greco, pero no tendría espacio en este blog para hablar de todas las obras del Prado.
La entrada a este museo cuesta 14€. Si lo comparamos con la gratuidad de los museos de Londres puede parecer caro, pero si tenemos en cuenta que acoge una de las mejores colecciones de arte del mundo, se puede comprender el precio. Las cuatro horas que estuve allí se me pasaron volando.