Destinos que conozco y que me gustaría conocer.
Esta Semana Santa he pasado dos días en Gibraltar: el jueves lo dediqué a conocer la ciudad y el viernes subí al Parque Natural del Peñón.
Una característica peculiar de Gibraltar es que su aeropuerto no se encuentra en el extrarradio, sino que está justo al lado de la frontera con España y continuamente lo cruzan peatones y vehículos. Cuando un avión va a despegar o a aterrizar se corta el tráfico, como sucede en algunas vías de tren españolas. La gente espera al margen de la pista hasta que los bobis (policías ingleses) abren de nuevo la circulación. No obstante es un aeropuerto muy pequeño y no tiene demasiado movimiento.
Gibraltar, más que una ciudad es un pueblo, por eso puedes recorrerlo andando en un día. Su arteria principal es Main Street, una calle llena de tiendas orientadas a los turistas: perfumerías, estancos… como dije en mi anterior artículo, estos productos tienen unos impuestos más bajos que en España.
En este pedacito de tierra inglesa no hay demasiados monumentos y a la mayoría de los edificios les haría falta una capa de pintura, pero merece la pena visitarlo para ver cabinas de teléfono y buzones rojos, camareros hablando spanglish, y tabernas 100% inglesas, de esas en las que se sirven birras gigantes. Además tiene unas vistas al mar muy bonitas y un Jardín Botánico de entrada gratuita que me gustó mucho:
Ahora pasemos a lo más interesante, la visita al Peñón, o como dicen los gibraltareños, La Roca. Hay varias formas de llegar hasta allí: la más económica (1,50 libras ida y vuelta) es tomar la línea 1 de autobús desde Casemates Square hasta el Castillo de Los Moros y una vez allí patear a pie el Parque Natural. La más divertida es subir en teleférico (cuando el viento lo permite, porque el día que estuve allí lo tenían cerrado) y cuesta 10 libras o 13 euros, puedes pagar con la moneda que quieras. La forma más cómoda para los menos aventureros es ir en coche o en los taxis oficiales que hacen tours por la zona. Ojo, te cobran por pasar con tu coche a lo alto del Peñón, aunque no sé cuánto dinero supone porque yo aparqué en la Línea de la Concepción. En cualquier caso, recomiendo llevar bocadillo porque en el Parque Natural sólo hay dos cafeterías y también me las encontré cerradas porque era festivo. Menos mal que había sido previsora y había preparado el tentempié.
Lo más famoso del Parque Natural son los monos en libertad. Está prohibido alimentarlos sobre todo porque pueden morderte, pero te puedes hacer fotos a su lado y no se enfadan.
Uno de estos monitos que aparecen en la foto intentó robarle un juguete a un niño y fue gracioso ver a dos peques de distinta especie peleando por el mismo muñeco. Al final, gracias a la mediación del padre, el niño recuperó su vaquero de Toy Story.
Pero en el Peñón hay otros atractivos turísticos. Por 10 libras o 13 euros puedes comprar una entrada que te sirve para ver el Castillo de los Moros, las Cuevas del Gran Asedio (escondite para defenderse cuando España intentó recuperar la zona) y las Cuevas de St. Michael, que esconden un auditorio entre estalactitas. También existen túneles de la II Guerra Mundial, pero los gestiona una empresa privada y la entrada se compra aparte.
Castillo de los Moros:
Cuevas del Gran Asedio:
Y próxima parada... Suiza la semana que viene.