Destinos que conozco y que me gustaría conocer.
Hoy me he enterado de que mis primas a lo mejor van a Londres este verano, lo cual me ha traído muy buenos recuerdos, ya que yo viajé con una de ellas a esta increíble ciudad. Han pasado seis años de aquello y sigo pensando que, de momento, es el destino que más me ha gustado.
Londres es mucho más que el Big Ben o las cabinas telefónicas de color rojo. Para empezar… ¡la entrada a los museos es gratis! El arte está considerado por los ingleses como un bien público (así debería ser en todas partes). En la Galería Nacional disfruté de las pinturas de Matisse, Manet o Velázquez, mientras que en el Museo Británico me quedé con la boca abierta ante tantos restos egipcios, entre ellos la Piedra Rosetta, que sirvió para descifrar los enigmáticos jeroglíficos. Si quieres vivir la recreación de un terremoto con un temblor de suelo bastante realista y con objetos que se caen de las estanterías, visita el Museo de Historia Natural.
Las numerosas zonas verdes embellecen esta ciudad. Recuerdo que al entrar en Hyde Park, una ardilla me trepó por el pantalón y se me subió encima. A continuación, cinco patitos se cruzaron en mi camino siguiendo a la mamá pata hasta meterse en el lago, ¡qué graciosos todos los animalitos! Resulta agradable disfrutar de la naturaleza en pleno casco urbano. Junto a este parque tenemos Buckingham Palace, la residencia real. Si en su tejado ondea la bandera británica significa que la reina está en el palacio en ese momento. Aquí tiene lugar una de las mayores atracciones turísticas de Londres; el cambio de guardia, que en verano se realiza todas las mañanas y en invierno un día sí otro no. Consiste en la salida de los soldados que han estado trabajando en Buckingham toda la noche y la llegada de los que van a hacer el siguiente turno. Algo que puede parecer sencillo se convierte en un desfile de 45 minutos con caballos, tambores, trompetas…
Los amantes de los mercadillos al aire libre disfrutarán en Portobelo Road (calle que aparece en la película La Bruja novata) y en Candem Town (repleto de gente extravagante con vestimentas imposibles). Por su parte, el mercado techado de Covent Garden hace las veces de escenario para malabaristas, músicos y artistas callejeros.
Como construcciones religiosas destacan la Catedral de San Pablo y la Abadía de Westminster, que aparece en la película El discurso del Rey como lugar donde se celebró la coronación del monarca. La Abadía se ubica frente al Parlamento con el reloj más famoso del mundo, el Big Ben (que recibe su nombre de la gran campana que hay en lo alto de esta torre).
Hablando de torres, no os vayáis de Londres sin visitar el castillo donde vivieron los Tudor y Ana Bolena, fortaleza conocida como The Tower. Aquí se conservan los instrumentos de tortura con los que supuestamente hacían justicia en aquella época. Hasta el día que visité el lugar, pensaba que un Befeater era simplemente un cubata, pero descubrí que se trata de un personaje parecido a los juglares, que vestido con abrigo rojo (como el de la etiqueta de la mencionada bebida) narraba por las calles noticias y chascarrillos. También con chaqueta roja y sombrero negro encontramos a los soldados que vigilan el lugar, quienes más bien parecen muñecos de cera porque no mueven ni una pestaña cuando el público se fotografía junto a ellos.
El castillo se encuentra a la orilla del río Támesis, cruzado de un lado a otro por diversos puentes. El más bonito de todos es Tower Bridge, construido en el siglo XIX guardando la armonía con la arquitectura de la fortaleza del siglo XII.
Londres es una ciudad para pasar al menos una semana. ¡Me encantó!