Aquí va el artículo prometido sobre las cosas que me llamaron la atención en el país alpino:
Se saludan dándose tres besos.
Los enchufes tienen tres clavijas, pero podemos usar el cargador de nuestro móvil sin problema porque entra en dos de los tres agujeritos que hay.
Los trenes son increíblemente puntuales.
Hay muchas mujeres que no se depilan las piernas. No sé si es porque piensan que al ser rubias no se les notan los pelos (error) o porque los días de calor son escasos y para ponerse falda unas pocas veces al año no les merece la pena pasar por la esteticista.
Los autobuses urbanos son eléctricos y se nota que el aire de las ciudades está mucho más limpio que el de Madrid.
Uno de los platos típicos es la salchicha blanca con pan y mostaza dulce. Lo sirven así:
También comen unas patatas aplastadas llamadas Rösti.
La famosa fondue de queso no me pareció nada del otro mundo. ¡Donde esté la Torta del Casar cacereña que se quite todo lo demás!
Por la calle vi bicicletas aparcadas sin encadenar y nadie las robaba, algo impensable en España, por desgracia. El único acto de delincuencia que presencié en Suiza tuvo lugar en Ginebra, donde unos ladrones rompieron la ventana de un coche para coger la cámara de fotos que había en el asiento. Por lo demás, creo que es un país muy seguro.