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16 septiembre 2011 5 16 /09 /septiembre /2011 09:20

Por fin he conseguido sacar un ratito para escribir y he aquí un post más completo sobre Nueva York, donde os indico cómo planificar una semana en esta ciudad, o para ser más exactos, una semana en la zona de Manhattan. En primer lugar, dividiré la isla como hacen los neoyorquinos, en Uptown, Midtown y Downtown. Así viene indicado en las líneas de metro. Por cierto, recomiendo comprar un bono de una semana para este transporte, porque me parece una forma barata y rápida de llegar a cualquier sitio.

 

Día 1: Uptown. Baja en la parada 116 St de las líneas 2 o 3 para llegar al barrio de Harlem, donde predomina la población negra. Es imprescindible visitarlo en domingo para coincidir con su mercadillo y ya de paso asistir a una misa gospel. Al principio me daba un poco de corte “colarme” en su iglesia sólo para verles cantar, pero descubrí que están acostumbrados a los curiosos, y en el fondo salen ganando porque a la hora de pasar el “cestillo” todos los turistas echan alguna moneda por no resultar descorteses. Me llamó la atención que la misa la conducían mujeres y no había curas, aunque tengo que confesar que llegué bastante tarde y solo vi los últimos 10 minutos, ¡qué pena!

La siguiente parada del día será la catedral de San John el Divino. Creo que los lugareños no se aclaran con el tamaño de esta construcción; en algunos folletos indican que es la más grande de Estados Unidos y en otros llegan a asegurar que es la más grande del Mundo. Lo cierto es que su dimensión es considerable y merece la pena entrar a verla, pero acostumbrada a las catedrales europeas, no me pareció que ésta pudiera conseguir el récord mundial.

En la misma calle encontramos la prestigiosa Universidad de Columbia. Paseando por su campus te haces una idea de lo cara que debe ser la matrícula en cualquiera de sus carreras. El jardín central y los edificios de las diferentes facultades son muy bonitos, especialmente la biblioteca.

Va llegando la hora de comer, podemos pasear calle abajo y después girar a la izquierda para aterrizar en Central Park. Tras la caminata vendrá bien sentarse un ratito en el césped. Puedes comprarte un perrito caliente y comer en plan pic-nic.

Por la tarde hay que aprovechar que el tramo de la 5ª Avenida que pasa junto al parque es conocido como “la milla de los museos”. Podemos comenzar por el Guggenheim y los demás los dejaremos para los siguientes días. Pinchando aquí os dejo información sobre los horarios y los precios de todos los museos que hay en esta calle.

 

Día 2: Downtown. Las líneas 2 y 3 de metro te llevarán hasta la parada de Wall Street. Allí encontramos el imponente edificio de La Bolsa o Stock Exchange, cuya fachada está ocupada por una gran bandera estadounidense, y donde circulan cada día billones de acciones de unas 8.500 empresas diferentes. En su derecha está el primer Parlamento que tuvo el país (actualmente convertido en museo), así como la estatua de George Washington, quien juró su cargo como presidente en este lugar. Con ese ambiente de ejecutivos trajeados a cualquiera que pase por allí le entran ganas de invertir su dinero y probar suerte. Y para dar suerte precisamente está la famosa escultura de bronce del toro, en la calle Broadway (una calle larguísima, por cierto) a su paso por la zona financiera de la ciudad. La tradición dice que si le tocas sus cataplines te harás rico. Yo tuve que hacer cola para fotografiarme con él, porque había más de una decena de turistas haciendo lo mismo.

Andando un poquito más nos topamos con la Zona Cero, donde actualmente se está construyendo un rascacielos que será aún más alto de lo que eran las Torres Gemelas, desbancando también al Empire State Building, que actualmente es el edificio más alto de Nueva York. El espacio donde se ubicaban las torres del atentado está ocupado ahora por dos enormes fuentes en homenaje a las víctimas.

Y al final de la calle, en Battery Park, divisamos en su islote el monumento más famoso del país, la Estatua de la Libertad. Vayas el día que vayas tendrás que esperar pacientemente para comprar el billete de ferry que te lleva hasta ella, pero el fin de semana está demasiado lleno y es mejor acudir un día de diario. El billete se adquiere dentro de una muralla circular llamada  Castle Clinton. Los barcos salen cada 20 minutos o media hora, y pasan por la isla de la estatua y también por la isla de Ellis, donde hay un museo dedicado a los inmigrantes. A partir de octubre de 2011, el interior de la estatua estará cerrado al público por obras. Pero merece la pena ir hasta allí para situarse en su pedestal y mirar hacia arriba. ¡Qué grande es! Eso sí, particularmente, lo que a mí más me gustó fue ver desde la otra orilla la línea de rascacielos de Manhattan:

 

New-York-215.JPG

 

En la foto tenemos a la izqueirda el Empire Estate Building y a la derecha la nueva torre que se está construyendo en la Zona Cero.

Hay un par de restaurantes de comida rápida para comer al pie de la Estatua de la Libertad. Por la tarde, un buen paseo hasta el muelle 17, el que comenté en el post anterior. Os recomiendo cenar las empanadas del restaurante Cabana, que está en la planta alta del centro comercial. Las vistas de noche son muy bonitas desde su terraza.

 

Día 3: Midtown. El corazón de Manhattan es mundialmente famoso por aparecer en cientos de películas y series, como por ejemplo Sexo en Nueva York.

Comenzaremos la jornada subiendo a la planta 86 del Empire State Building, para tener una panorámica de la ciudad a plena luz del día. Desde esa altura se distingue a la perfección el contorno de la isla y se ven los demás condados a lo lejos.

Tras hacer una cuantas fotos, bajamos de nuevo a la calle y recorremos un tramo de la 5ª Avenida hasta llegar a la imponente Biblioteca Pública. Me recordó un poco al Congreso de los Diputados de Madrid, porque también está presidida por un león a cada lado de las escaleras de entrada.

A mano derecha tenemos la Estación Central, escenario de diversos rodajes cinematográficos. Cuando viajo, me gusta observar la forma de vida de quienes habitan el lugar, y una estación es un sitio idóneo para imaginar de dónde vienen o a dónde van esas personas, si toman un tren para ir a trabajar o para alejarse de algo o de alguien, si lo hacen para disfrutar unas vacaciones, para reencontrarse con la familia…

Muy cerca se alza el edificio Chrysler, que es uno de los más bonitos de Nueva York, al menos en mi opinión. La pena es que no se puede visitar por dentro, así que solo disfrutaremos su fachada. ¡Al final de este viaje acabarás con dolor de cuello de tanto mirar los rascacielos!

Después, desandamos lo andado y vamos dejando todo esto a nuestras espaldas, para llegar al cruce entre Broadway y la 7ª Avenida, es decir, Times Square. ¡Tendrás la sensación de estar en Japón con tanto cartel luminoso! En esta zona, transitada a cualquier hora del día, la oferta de entretenimiento es amplia: museo de cera, musicales, cafeterías, tiendas de juguetes que parecen pequeños parques de atracciones, venta de souvenirs…

Procura coger fuerzas en la comida, porque por la tarde hay que recorrer la 5ª Avenida, donde nuestra tarjeta de crédito puede verse gravemente perjudicada ante la presencia de tantas firmas: la joyería Tiffany, de la película Desayuno con Diamantes, Cristian Dior, Channel, Zara, H&M… los escaparates conviven con torres como la de Donald Trump, o con iglesias como la de San Patricio. Cabe destacar el Rockefeller Centre, un complejo de varios edificios de tiendas y oficinas, popular por ubicar en Navidad el árbol que siempre vemos en la televisión, junto a la pista de patinaje sobre hielo. Cuando esté anocheciendo, sube a lo alto del Rockefeller para ver la ciudad iluminada.

 

(Al ser un post tan largo, he de dividirlo en dos, pincha aquí para ver el resto).

 



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Published by viajealcentrodelatierra - en El Mundo
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Presentación

Cuando viajo siempre llevo conmigo papel y lápiz. Me gusta tomar nota de los monumentos que visito, los restaurantes en los que como y las anécdotas que me suceden. Es una gran satisfacción abrir un cajón años después buscando otra cosa, encontrar por casualidad una libreta de unas vacaciones pasadas y revivir cosas que de no haber sido plasmadas por escrito sería incapaz de recordar.

 

Una idea me ronda en la cabeza desde hace tiempo: escribir un blog sobre viajes para compartir mis anotaciones con los demás. Por ese motivo nace este espacio, donde hablaré no sólo de los destinos que conozco, sino también de los que me gustaría conocer. Bienvenidos.

 

Un saludo,

Ana.

 

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